A MI PADRE

No puedo en esta entrada hablar de otra cosa que no sea de mi padre y decirle que:
Papá, te quiero muchísimo. No sé si te lo dije tan a menudo como te merecías, seguro que no. Tu ya has corrido tu carrera, la de la vida en tu caso y ha sido una carrera corta, 78 años hoy en día no son nada. Me he quedado sin ti y aún tenía muchas cosas que decirte y demostrarte para que te sintieses más orgulloso de mi, de lo que sé que, seguro, estabas.
Los padres somos así, siempre estamos orgullosos de nuestros hijos, por poco que hagan, estamos orgullosos de ellos. Yo he sido un poco bala, y os he dado algunos quebraderos de cabeza, pero nunca piensas que te arrepentirás tanto de eso cuando tu padre falte.
Te echo mucho de menos papá, y necesito sentirte y saber que me perdonas por no haber estado más cerca aún de ti estos últimos años. Ahora sé que tengo que decir más te quiero y demostrarlo más, pero me mata que eso, tú, no te lo hayas llevado como merecías. Yo sé que mis hijos me quieren y aunque no fuese así seguiría desviviéndome por ellos y ofreciendo mi vida por delante de la suya, así somos los padres, y espero que aunque no te lo dijese las veces necesarias, aunque incluso a veces siempre tuviese cualquier tontería que hacer antes que dedicarte a ti un rato, tu sabías que te quería. Te lo dije mil veces cogiéndote de la mano antes de que llegases a tu meta, espero que lo sintieses, que sintieses ese amor que te tenemos , y que cruzases la meta tranquilo, incluso feliz.
Últimamente veo mucho de ti en mi hijo Marcos. La profesora me dijo que era un niño buenísimo, que todo el mundo le quería muchísimo y que no reñía con nadie nunca. Así eras tú, una persona buena, que todos querían. Hay algo de ti en tu nieto y me enorgullece que así sea, porque solo pueden ser cosas buenas.
Tenía que escribirte para quien no te conozca, lo haga, porque mientras estés en el pensamiento de alguien, seguirás vivo, y en el mío estas continuamente, cuando nos llevabas el desayuno a la cama por las mañanas, cuando pedíamos agua a gritos a mitad de la noche y tú aparecías con un vaso de agua, cuando me enseñaste a montar en bicicleta y cuando íbamos a recoger piñones a los pinares del Júcar. Me afloran esos recuerdos y se me pone una sonrisa en la cara a la vez que se me escapa una lagrima de los ojos.
Te quiero papá, has hecho una carrera impresionante y eres mi ganador. Descansa.

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