BEHOBIA – SAN SEBASTIAN. LA CARRERA MÁS GRANDE

No sé cómo empezar este relato, esta crónica de la carrera Behobia – San Sebastián. No sé si empezar por los días previos a la carrera, de turismo por San Sebastián o si empezar por la carrera en si, aunque igualmente no sabría si empezar por el final dando el tiempo que hice, o como marcan las reglas, empezar por el principio. Creo que voy a empezar como empiezan todas las cosas, por el principio y el relato por sí solo irá avanzando, subiendo de intensidad y llegando a su fin en algún momento, como un libro o una película. Cuando el libro o la película es bueno o buena, el final, cerrando el libro, apagando la televisión o saliendo de la sala de cine, siempre va acompañado de unos momentos en los que digieres  lo bonito y lo mucho que has disfrutado ese tiempo. En la carrera que hoy me ocupa, el acercamiento a meta y los minutos, horas y días posteriores han generado en mi un placer y un disfrute indescriptibles, tanto o más que el visionado  de lo que sabes que es o se convertirá en una obra maestra.

Para mí esta carrera es, la obra maestra de las carreras hasta este momento, por eso empezaré por el principio y le dedicaré a ella toda la importancia que se merece, que la organización se merece, que los voluntarios se merecen y que las personas que bajo un mal tiempo salieron de sus casas a animar a gente desconocida, se merecen.

Por tanto los días previos los contaré en otra entrada aparte.

Vamos al lio!!

Me levanté tranquilamente, sin agobios ya que mi cajón salía a las 10:57 de la mañana y en llegar a Behobia se tarda una media hora. La forma de llegar es de lo mas sencillo y todo está hecho para que sea fácil y cómodo. Yo iba preocupado con este aspecto y el de la salida pero fue todo perfecto. Saqué el billete de metro euskotren el día de antes frente a la feria del corredor al precio especial de 1 euro y así, una cosa que me quitaba para el día siguiente.

Quedé con Jorge en la parada y cogimos el metro. Este metro, y a esas horas os podéis imaginar como iba, lleno de runners ansiosos por empezar a correr la Behobia. Mientras íbamos en el euskotren pasábamos por unos paisajes impresionantes, Euskadi es así.

              

Llegamos a Behobia y ya en la misma parada del euskotren teníamos unos cuantos autobuses que ejercían de lanzadera para llevarnos a la salida. La zona de la salida no puede ser mas bonita, en la frontera entre Irún y Francia y con el río Bidasoa dándonos los buenos días. Esa mañana había mucha gente en el río haciendo remo. La zona de salida estaba hasta la bandera, éramos 33.000 corredores, así que es normal. Todo estaba lleno de contenedores para echar desperdicios y de WC`s móviles para hacer lo propio que se hace en estos sitios. Desperdigados por un sitio y otro estaban los cajones de salida, tu miraabas tu dorsal y ahí te ponía el cajón, color y hora de salida.

Desde las 10 y pico se empezó a dar la salida a los diferentes cajones para evitar aglomeraciones. Conforme se iban dando salidas los cajones de mas atrás se iban acercando a la linea de comienzo, los nervios y la emoción eran cada vez mayores. Por ahora todo lo que me habían contado era cierto y aún se quedaban cortos. Todo estaba organizado al milímetro, era imposible perderse, la organización era absolutamente sorprendente para mover a 33.000 corredores.

Por fin nuestro cajón llegaba a la linea de salida y tras unos 5 minutos escuchando al speaker y bailando la música rock que nos ponían, se daba la cuenta atrás en la pantalla gigante, 3,2,1 GOOO, comenzaba la carrera tan esperada. Hasta un segundo antes de salir tenia un ligero malestar en la zona baja de la espalda, pero en cuanto empecé a mover las piernas se esfumó, mi cuerpo  tenia ganas de correr y de tratarme bien.

Salida llana junto al río Bidasoa, la gente ya estaba desde primeras horas de la mañana dando aliento y calor y dejándose la voz y las manos animando a gente desconocida y eso a mí, al menos, me pone los pelos de punta. Empecé tranquilo al principio, esa es mi estrategia siempre, me da igual lo que me diga el reloj, hasta que mi cuerpo no me pida más y el sólo acelere, no le doy más. Algún repecho al principio sin importancia pero que ya te preparaba las piernas para la primera gran subida ¡pero gran subida!

Empezamos pasado el kilometro 5 a subir hasta el alto de Gaintxurizketa. Esta ascensión por ser la primera y no saber como vas a responder más tarde, la quise subir tranquilo, sin agobios, a un ritmo de 5:16, que no está tampoco mal pero es que las carreras son muy diferentes a un entrenamiento, la percepción del sufrimiento no tiene nada que ver. Aquí ya empecé a pasar a gente y ya más de uno empezó a andar, cada uno sabrá a lo que ha venido. Iba tranquilo pero a un ritmo bueno que no me agotase. Coroné el alto y tocaba la bajada, justo para recuperar, parece que cuando hicieron la carreteras ya pensaron en la carrera, la subida justa para no agotarte y la bajada justa para que cojas aliento para la próxima subida.

Hasta que llegué a Errenteria tuve algún momento de llaneo, iba grabando y esperando la llegada a Errenteria de la que tanto he oido hablar. Sobre el kilometro 11,5 entrábamos en Errenteria y ya la sonrisa no se te va de la cara, el paso por esta localidad es lo más jodidamente alucinante que he vivido nunca en una carrera, las calles llenas, pero llenas como si de una procesión que regala dinero se tratase. Solo se oían aplausos, y AUPASSS. Ya no corres, vuelas, la gente te lleva, y os aseguro que a partir de aquí ya no noté ni una sola cuesta. El aliento que en este tramo de carrera te da la gente, es imposible describirlo. Sentí algo muy parecido en el maratón Rock and Roll Madrid a su paso por la Puerta del Sol, pero este tramo de la Behobia-San Sebastián fue mil veces mas especial. La carrera a partir de este tramo ya no es carrera, solo un continuo disfrute. Se me pasaban los kilometros sin querer, disfruté de las vistas, de correr, de lo que aún sabia que quedaba.

Pasado Errenteria está la subida de Capuchinos, de la que yo no os puedo hablar por que ni me enteré, no sé donde estaba, ni si fue dura o no, yo iba disfrutando de lo bonito de la carrera, de lo bien que iban mis piernas y mi respiración, de la gente animando por todas partes, de los demás corredores, del sueño que estaba viviendo.

Una bajada cualquiera me encontré con la bahía de Pasaia, espectacular, yo ya iba como drogado y todo me parecía hermoso.

Sabia que me quedaba una gran subida, y unos kilometros después empecé con ella. Pregunté si esta era la última subida, porque yo las otras ni las noté, mi ritmo aquí se puso en 5:06, algo anecdótico para esta subida. Pasaba a gente, la animaba igual que a mí me han animado en muchos momentos de flaqueza, pero esta vez yo estaba a tope y sabía que mucho se tenía que torcer la cosa para acabar sufriendo, ya no había kilometros duros para eso. Ahora gritaba yo Aupa, como un vasco de toda la vida, porque esta carrera se me metió en la venas durante la última hora y pico y era mas de Euskadi que el Patxi. Disfruté la subida, como desafiándola, “no puedes conmigo ya, es imposible, por más que quieras ya es imposible“. Seguí ascendiendo hasta coronarla y decirle “adiós, otro año a lo mejor, pero este no has podido conmigo“.

Empecé la bajada por la avenida de Ategorrieta hacia San Sebastian, con gente continuamente, esto ya ni lo digo, se da por hecho desde que salimos hace hora y media. Seguí retando a esta carrera y empecé a acelerar mas el ritmo, a ver si notaba flaqueza, pero estaba visto que hoy no era el día en que eso iba a pasar, ni el día del Yovago. Me puse a un ritmo de 4:25. Torcimos hacia la avenida de Navarra, aquí sabía que estarían Paula, la mujer de Jorge, y mi mujer, estaba deseando verla, que viese lo bien que iba, y que se diese cuenta en mi cara de lo mucho que estaba disfrutando de la carrera y que hasta el último euro gastado ese fin de semana había valido la pena. Iba mirando a un lado y al otro para no perderme ese momento pero sin bajar mi ritmo que seguía siendo de 4:25. Por fin la ví y grité VAMOSSSSSS, los pelos se me pusieron de punta y seguí mi camino hacia la meta, pasando gente, gritando y grabando el momento. Volví a torcer y encaré el ultimo kilómetro paralelo a la playa de la Zurriola, pasando por el palacio de congresos Kursaal y llegando a la meta de la Behobia-San Sebastian en la alameda del Boulevard.

La meta es el fin de la carrera, el comienzo del descanso y en este caso el fin del sueño. Paré las piernas, paré el reloj, y respiré profundamente con los ojos cerrados, desperté del sueño y ví gente que seguía entrando y lo seguiría haciendo durante unas horas. Me quedé unos minutos cerca de la meta, saboreando el poco tiempo que podía raspar antes de que me dijeran que me apartara para dejar sitio a los corredores que seguían entrando, porque no quería que esto terminase aún, sabía que cuando me alejase sería el final de verdad.

La gente entraba con diferentes caras, unas descompuestas por el esfuerzo, otras como yo en esta ocasión, con una enorme sonrisa. Las carreras son así, si se te ha dado mal, la meta y el posterior recuerdo de la carrera es amargo, si se te ha dado bien y has disfrutado, el tiempo se te ha hecho incluso corto, y disfrutas enormemente con su recuerdo. Luego hay otros casos de carreras que sobrepasan lo normal, la realidad, son carreras como la Behobia, esas carreras que a todo el mundo le deja un buen sabor de boca, nadie hablará mal de ellas, unos como yo, dirán que han vivido un bonito sueño y otros simplemente que ha estado bien, pero nadie dirá que no le ha gustado.

Yo no podré decirle a nadie que esta carrera es dura, a mi se me dio perfecta y no noté esa dureza por lo bien que iba y lo bien que lo pasé, de verdad que no quiero quedar de sobrado, os lo cuento desde el corazón, es lo que sentí, y lo pasé corriendo como nunca lo he pasado en el poco tiempo que llevo en esto.

Gracias a los miles de personas que salieron a las frías calles y carreteras de esa mañana de domingo a animar a gente desconocida.

Gracias a los voluntarios que desinteresadamente permanecieron en sus puestos de avituallamiento, ayuda… las horas que hiciesen falta, hasta que el último corredor o corredora, igual de importante que el ganador, llegase a meta.

Gracias a la organización por organizar una carrera tan grande a la que no le hace falta el kilometro y 98 metros para ser una media maratón oficial, es más que todo eso.

Gracias a mi mujer por estar cerca de mí y animarme y escucharme después cuando hablaba solo y únicamente de la carrera.

No sé si volveré a repetir el año que viene, yo ya sueño con ello aunque no quiero que se convierta en una rutina, la quiero recordar como ahora mismo la tengo en la memoria, como LA CARRERA MAS GRANDE.

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