MI PRIMERA MARATÓN. Maratón Madrid 2017. EDP Rock n´Roll Madrid Maratón

Bueno, pues ya se pasó mi primera maratón, ¿y ahora que?. Cuando pasas tanto tiempo dedicándote a una cosa, en este caso entrenando 5 días a la semana, y llega el día que haces la carrera, al día siguiente es como, ¿y ahora que?. Ya veré lo que hago ahora, a lo mejor solo con salir a correr con un poco mas de tranquilidad, o quizá un poco de bici, o tal vez nadar… Lo que sea pero sin llevar un plan de entrenamiento, aunque todo sea dicho de paso, yo lo he disfrutado muchísimo, pero, ¿y ahora qué hago?

Por ahora me queda aun el recuerdo muy cercano, casi lo puedo revivir y oler, de mi primera maratón, esa a la que me apunté hace 5 meses por mis cojones, y por mis cojones que la he hecho. Voy a compartir con vosotros ese recuerdo, aun muy cercano y por lo tanto seguro que me puedo emocionar en algún momento, lo notareis cuando así sea, pero me lo perdonareis, porque muchos entenderéis esa emoción, que se puede sentir tanto en una maratón como en tu primera media o en tus primeros 10 kilómetros o la primera vez que bajas tus tiempos en un entrenamiento y notas que todo tu esfuerzo te corresponde y el reloj o el móvil te regala un ritmo medio que hace que ese esfuerzo de hace unos segundos desaparezca de un plumazo. Todo es emocionante, por eso cuando te acostumbras a hacer 10 kilómetros, quieres sentir esa emoción otra vez  y entonces te lanzas a hacer carreras y esa entrada en meta que siempre, siempre te pone los pelos de punta. Te lanzas después, para seguir sintiendo la emoción, a la media maratón y así llegas un día a este momento en el que yo estoy escribiendo contándoos , con la emoción aun en el cuerpo, mi experiencia en mi primera maratón. Espero poder trasmitiros, al menos, la mitad de lo que yo pude sentir el domingo.

El viernes fui a por el dorsal a la feria del deporte, y ya di una vuelta recogiendo publicidad de otras carreras, que luego siempre reviso por si alguna me gusta y me apunto. Ese día estaban en la feria tres grandes, Carles Castillejo, Chema Martínez y Vanessa Veiga, contandonos anécdotas, experiencias y demás aventuras, todos los allí presentes, con la boca abierta, os podéis imaginar la cantidad de experiencias que pueden contarnos tres grandes como ellos, no habría ferias.

El Sábado lo pasé descansando a tope y viendo películas, comiendo y cenando pasta en mi particular Pasta Party pre-carrera.

El domingo, dia D, día al que has dedicado los últimos 4 meses, en el que has estado pensando todos los días al menos un rato, ese día que ves tan lejano, pero hoy, al sonar la alarma del movil, era ese día. Me levanté, respiré hondo y me dije vamos allá.

Salí para Madrid desde Toledo y dejé el coche en un parking que dos días antes ya había reservado, no era el momento de ponerse a dar vueltas como un loco buscando aparcamiento en Madrid. Me encontré con kike y fuimos en busca de Jorge para ir juntos a la linea de salida.

Salida para las handbikes, salida para la élite (que bien ganado se tienen ese nombre, madre mía), y poco después nuestra salida, que hasta que pasas de verdad por el arco, pasa un buen rato. Ya estábamos corriendo hacia arriba, tónica general en esta maratón, paseo Recoletos y Castellana hasta las torres de Madrid. Esta cuestecita no se nota mucho, porque es la primera y la tomas en fresco, no de manera literal, porque el calor que hacía en Madrid ese domingo había que vivirlo. Pronto empiezan a asomar las primeras gotas de sudor y tu corazón empieza a latir alegre, pero no da tiempo a que aparezca un mínimo de cansancio ya que son los primeros kilómetros, es una zona bonita, y no vas muy rápido debido a la aglomeración de gente que hay en la carrera y rápidamente a los 6 kilómetros vamos hacia abajo por la larga calle Bravo Murillo, con algún repecho que aun no se hace pesado porque es pronto, pero estos repechos es la normalidad en esta carrera, no se ven en el perfil por que son cortos, pero conforme avanza la carrera se hacen pesaditos. En esta bajada coges la velocidad que hayas podido perder en la primera subida.

Calle Raimundo Fernández Villaverde que es llanita aunque con su repecho final, y bajando por las calles hasta que en el kilómetro 13,5 la media maratón y la maratón se divide, nosotros tiramos en diagonal hacia abajo para luego encarar, ahora hacia arriba, la calle de Santa Engracia. Esta división que se lleva acabo de la maratón y media maratón es el primer momento emocionante que viviré, de muchos, en esta carrera. Cuando unos vamos para un lado y otros para el contrario, los dos bandos nos aplaudimos con todo el corazón, sin hipocresía y deseando al otro toda la suerte del mundo. El año pasado yo me encontraba haciendo la media maratón y era yo el que aplaudía a esos maratonianos que para mi eran como ídolos, aparte de ritmos y tiempos, eran grandes, lanzarse a esa distancia ya merece todos mis respetos, entonces yo les aplaudía, deseando que todos llegasen a la meta e infundiéndoles, al menos por unos metros, esa pequeña fuerza que los ánimos y los aplausos de la gente te meten en el cuerpo y por un momento te hacen volar. Ahora era a mi al que esos aplausos me ponían los pelos de punta y me emocionaban. Yo a ellos también les animé con mis aplausos, por que el esfuerzo, en su caso a otro nivel, era igual al mio, por que todos corremos la carrera que nuestro cuerpo en un momento dado de preparación nos deja correr, todos hemos empezado corriendo pruebas de 5 kilómetros que nos han costado mucho, así como los primeros 10 y primeras medias maratones.

Foto con marcas de agua, que están muy caras para comprarlas

Nos quedamos solos los maratonianos, subiendo la Calle de Santa Engracia hasta Abascal para volver a bajar por la larga San Bernardo, no sin subir alguna cuestecita que aun era tranquila y que nos dejaba caer en la Gran Vía Madrileña. Grande, muy grande este tramo, aquí tus piernas corren solas, tu estás en otro mundo, en el mundo al que te traslada la gente que te anima, algunos incluso por tu nombre, por que lo llevamos escrito en el dorsal, miras a un lado y a otro y no sabes donde hay mas gente. Este tramo es el segundo en el que por muy “IceMan” que seas, te emocionas si o si, si alguien te dice lo contrario, no creas nunca nada de lo que te diga, es un gran mentiroso. Los pelos se te ponen de punta por la Calle Preciados, una calle que se queda estrecha de toda la gente que hay animándote. Había leído mucho sobre este momento de la carrera, y todo se queda corto, no podría explicarlo por que solo viviéndolo podrás sentir de lo que hablo y luego tu, como yo ahora, no serás capaz de transmitir lo que sentiste. Esa aglomeración de sensaciones y emociones sigue por la Puerta del Sol y hacia la Calle Mayor, llegamos al Palacio Real donde poco después comienza una cuesta arriba que no te esperas porque son de esas que el perfil no recoge pero que ya se nota por larga y porque cruzas ya la media maratón.

Hacia abajo por el parque del Oeste y por la avenida de Valladolid que es la que nos hace entrar en la Casa de Campo y su gran subida hasta la glorieta de las siete hermanas. Aquí ya se me empezaron a cargar las piernas pero era soportable, bajé el ritmo y seguí hacia delante, pero una vez que subimos la cuesta del Paseo de la Puerta del Ángel, que nos saca de la Casa de Campo, mis gemelos se pusieron duros como rocas y después de mucho correr sabes que ya estas jodido. Seguí hasta el 32 corriendo pero a partir de este punto la carrera ya comienza en una interminable cuesta hasta Colón que ya poco pude aguantar. El entrenamiento me hizo tirar bastantes momentos corriendo pero hubo también otros andando, eso si, todo lo rápido que podía, y cuando mis gemelos me daban tregua, volvía a correr. La cuesta arriba poco aliviaba mis gemelos anti-maratón, unas veces podían ellos y otras yo. Era como una posesión demoníaca, yo estaba poseído por mis gemelos anti-running, pero de vez en cuando salía ese esfuerzo y esas semanas de entrenamiento a echarle cojones y ponerse a correr hasta que mi gemelos volvian a tomar el control. Con esa lucha que duró largos kilómetros, llegué hasta el 41 donde ya si venció mi yo-runner hasta la meta. No noté en estos kilómetros frustración alguna, ya solo por el entrenamiento duro y largo eres grande. Disfruté del momento, estaba haciendo una maratón y aunque mis gemelos no quisieron ayudarme a cumplir mi tiempo, me dio igual, ya habría otras, pero esta no me la iba a arruinar por un pequeño traspié. Me esforcé todo lo que mis doloridas piernas me dejaron y cuando no podía correr miraba a la gente, que te animaban como si te conociesen de siempre. Me alegraba por los que me pasaban y sufría por los que iban detrás de mi o en peores circunstancias.

La entrada al retiro es otro momento especial, otra aglomeración de gente, tu cansancio y tu entrando hacia la victoria especial de cada uno. Unos 600 metros que no notas, que estés lo cansado que estés, entras corriéndolos, por que la gente se lo merece que tu correspondas a sus anónimos aplausos de la manera que tu sabes, porque tu te mereces entrar a la meta corriendo, porque han sido muchas semanas de entrenamiento y te mereces los aplausos, la emoción, el llorar y el levantar los brazos como si llegases el primero, porque es tu primera maratón y eso es irrepetible. Te quieres abrazar al todo el mundo y al poco tiempo eres consciente de lo que has hecho. Te vas a tomar algo para recuperarte y aún sigue entrando gente por la meta y esos son los que más aplausos se merecen. Su ilusión es la misma que la de todos y la intentan alcanzar incluso costándole más esfuerzo que a ti, o a lo mejor no han tenido la oportunidad de poder entrenar todo lo que debieran, cada vida es una historia.

La élite dedica su vida a entrenar, los demás hacemos lo que podemos cuando podemos, y eso tiene un mérito grandísimo. Aplaudo con fuerza a todos los que llegaron antes que yo y con más fuerza aún a los que llegaron después e incluso a aquellos que ni siquiera saldrán en los resultados oficiales, porque tras pasar las seis horas se cierra la meta, a aquellos que por diversos motivos se tuvieron que retirar, seguro que hoy ya estáis pensando donde volver a superaros, y sobre todo quiero aplaudir a mi mujer, que me ha apoyado todos estos meses, porque sé lo duro que ha sido para ella también, mi amor tú cruzaste el domingo la meta conmigo.

Volveré a repetir segurísimo, pero ya no será la primera, haré o no mejor resultado, pero ya no será la primera, tendré otras sensaciones que ya no serán como las de la primera vez. Cruzaré más metas que no serán ya la primera. Por eso lo quise vivir sin importarme mis gemelos, me siento tan alegre y feliz que aunque hubiese tardado 6 horas en completarla hubiese escrito cada palabra igual que la he escrito hoy.

Si os ronda en la cabeza hacerlo, corred, corred una maratón, una media, 10 kilómetros, 5 o menos, siempre vais a tener la emoción de la primera vez y entenderéis cada palabra que he escrito.

 

 

 

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