TRAIL CEBREROS 2018. Un buen fin de semana en la montaña con amigos

 

Está claro que no se puede decir de este agua no beberé, y menos aún no beberé por segunda vez. Sí, lo he vuelto hacer, ese trail que el año pasado terminé como pude y juré y perjuré que no volvería a repetir, pues aquí estoy escribiendo la crónica de Cebreros 2018, un boca-chancla, que se dice, eso es lo que soy.

Ahora mismo escribo y respiro porque no me queda otra, pero tengo agujetas hasta en las uñas de los dedos, mi cuerpo es una agujeta andante, y el tobillo, que ya lo tenía tocado, me va perdonando la vida a cada paso que doy.
Tengo que decir que he sufrido menos en esta ocasión, ya sabía dónde iba, y sabía que era muy dura, pero mucho. Este año he vuelto a ir con mi colega Mariano, éste no perdona, la montaña le puede y a la llamada de ésta no le hace oídos sordos. Allí nos encontramos con mi compañero de trabajo y colega de carreras, Jorge y un amigo suyo, éstos iban por primera vez a esta carrera.
El sábado llegamos y comimos como dios manda, cargando energías para después al día siguiente soltarlas en un abrir y cerrar de ojos. Siesta y vueltecita por la tarde para tomar algo. Este año el pueblo lo vi mas desolado, el día de antes no había tanto ambiente como el año pasado, sería el frío. Recogimos esa misma tarde el dorsal y la correspondiente bolsa del corredor, de regalo a elegir una camiseta o un cortavientos por un poco más de dinero, yo elegí el cortavientos, porque soy así de desprendido. Aquí sí que había gente, toda la que no veía por las calles, aquí se escondían los frioleros. Cena contundente para seguir recargando energías y a acostar y descansar.
A la mañana siguiente nos despertamos sin tener que madrugar mucho, cosa que se agradece, porque la carrera era a las 10:00 y estábamos al lado de la línea de salida, así que desayunamos tranquilos y a reposar un rato antes de irnos.
Eran las 09:40 y ya estábamos en la línea de salida haciéndonos fotos y un poco el payaso también porque si no, ¿a que venimos joder?, pues a pasarlo bien, el día que esto se convierta en algo tan serio que ni tiempo de hacerte fotos tengas, se acabó.

 

 

Petardo de salida y a correr, que poco tiempo vamos a tener de eso en este tipo de carrera. Los 5 primeros kilómetros son más o menos cómodos, solo tenemos unos 180 y pico metros de ascenso pero a lo largo de 5 kilómetros, que eso para esta carrera es gloria bendita, como diría Raúl Gómez. A partir del kilómetro 5 nos desviamos a la izquierda hacia la montaña y dejamos atrás su ladera, empieza el trail puro y duro, a partir de aquí tendremos seis ascensos muy jodidos.
Primera subida , el Arrastradero, 150 metros de desnivel en medio kilómetro más o menos que hacen que la subida sea importante, pero como acabamos de empezar y hay fuerzas la subimos a cuatro patas pero rápido, depués una cuesta abajo que se puede correr bien y así descansamos corazón y gemelos. Las cuestas-abajo en estas carreras son igual de duras porque no puedes darle mucha caña ya que puedes acabar despeñado además de acabar con los cuádriceps reventados, pero esta es la primera, al igual que la subida, y de momento se va llevando bien.

 

 

 

 

 

Otra subida más y otra bajada para volver a subir, ya vamos acumulando desnivel y se empieza a notar. En el kilómetro 9 nos encontramos en el punto más alto, a 1120 metros de altitud, pero ni un copo de nieve. Un kilómetro y pico llaneando picando hacia arriba y poco después bajamos unos cientos de metros. Tras una leve subida que ya pica en las piernas bajamos hasta los 920 metros de altitud, bajadas que ya son jodidas por como llevamos los músculos y por los descensos tan pronunciadísimos
Encaramos una subida de 170 metros de desnivel con un 30% de pendiente, mucho, mucho, y aun quedan otras dos muy duras. Empieza uno a sentir el cansancio, los ascensos ya no son tan cómodos como los primeros, ni a cuatro patas ni a cinco. Falta el aire a cada paso y empiezas a ir muy lento, en estos ascensos tardas mil años en recorrer 100 metros, los ritmos bajan casi como si fueses a cámara lenta. Llegamos a Solana la Hoya y hacia abajo a las Calderas del Castrejón. Las bajadas no te alivian y a mí menos, que llegué a esta carrera con el tobillo tocado y es en las bajadas cuando más lo noto, pero va caliente y no notaré el dolor hasta que pare, así que lo mejor es seguir, además en este punto de la carrera ya se me ha doblado como 5 veces, lo típico que se te va hacia un lado y ves las estrellas pero de día.
Durante algo más de 5 kilómetros vamos bordeando el arroyo de los Pajares, que este año va seco, salvo alguna poza que la llenaba un hilillo de agua, una verdadera pena, se nota la total falta de lluvias, y en estos lugares es donde más se palpa. Que estos arroyos de montaña estén así en pleno invierno es para flipar, una verdadera pena. Pasamos al otro lado del arroyo por debajo del puente de los Pajares. Esta zona de unos tres kilómetros desde el puente de Pajares hasta que salimos a un camino donde está el penúltimo avituallamiento, fue de lo peor para mí y para mis piernas. Una zona que se supone picaba hacia abajo, con repechos de subida pero con un terreno muy desnivelado, os podéis imaginar cómo llevaba yo el tobillo en esta zona, así que la sufrí muchísimo. Mucho barro por toda la gente que ya había pasado por esta parte. Por fin salimos a un camino, llano, nivelado, como de otro mundo y a los 100 metros tenemos el avituallamiento, este hasta con barbacoa, bebí agua como si se fuera a acabar este líquido en el mundo, comí membrillo como si no hubiese mañana y pedí unas piernas nuevas pero por desgracia era de lo único que no tenían en este avituallamiento.
A seguir, que ya sabía que quedaba poco y cuanto más tiempo parase, antes empezaría a ser consciente de lo destrozado que tenía el cuerpo. Salgo del camino y encaro la última subida, que no es de las peores, pero ya se nota como si lo fuese. Esta coronación es de las más bonitas, poco antes de llegar a la antena, punto desde el que ya bajas hasta la meta, ves todo el pueblo y alrededores, unas vistas impresionantes que hacen que mucho del esfuerzo para llegar allí haya valido la pena. Pasamos entre rocas enormes y con un cansancio extremo, llegamos a la antena, último avituallamiento, y bajada de unos tres kilómetros hasta Cebreros, 320 metros de desnivel. La bajada se hace muy jodida, yo para lo que queda no quiero joderme el tobillo y no paro de correr pero asegurando la pisada, ni soy un profesional del descenso de montaña, ni mi tobillo me da la oportunidad de intentarlo. Seguro y con la vista puesta en el suelo voy dejando atrás kilómetros y la cima se va quedando a lo alto y el pueblo cada vez más cerca.
La entrada en Cebreros después de tres horas y veintipico minutos corriendo por el monte, es una alegría inmensa, la recompensa de sentar el culo de una vez está cerca y saber que mi mujer estará allí dándome la bienvenida hace que acelere el ritmo para que llegue cuanto antes al arco de meta, que unos minutos después paso y paro, esta vez ya si para finalizar el trail Cebreros 2018.
Este año ha sido la carrera más larga que el año anterior, un kilómetro más o menos, y alguna subida nueva también, por lo tanto he tardado un poco más en completar el recorrido, pero he acabado con menos sufrimiento, más contento aunque con unas agujetas que no puedo ni andar, eso es porque no estoy acostumbrado a este tipo de carrera, pero como siempre, he intentado dar todo lo que he podido, corriendo en los pocos sitios donde se podía correr y subiendo pendientes lo más rápido posible mientras mis piernas me han dado para ello. El tobillo me lo he doblado 6 o 7 veces, pero he seguido porque si no, si que no me muevo ya. Hubiese empezado a notar dolores por todos los sitios, así que mejor seguir y dejar los dolores para los días posteriores.

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LLEGANDO A META

 

MAS CONTENTO QUE UNAS PASCUAS

 

Esta carrera, que es la segunda vez que vengo, aun diciendo cuando acabé el año pasado que no volvía, es la leche, la organización es inmejorable y los sitios por los que pasas son magníficos, bosque increíble y vistas estupendas. Solo me ha faltado más nieve desperdigada por aquí y allá y agua en los arroyos, pero esto no es culpa de nadie. Si te gusta el trail o simplemente correr no dejes de venir porque va a ser un fin de semana de PUTA MADRE. Yo seguramente seguiré viniendo hasta que haga el tiempo del primer clasificado, 01:57:14, ya me queda menos para alcanzarte, no te descuides.

 

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