TRAIL CEBREROS. EL ESFUERZO Y LA DUREZA COMO DIVERSIÓN

Pues llegó el fin de semana en el que corrí el trail Cebreros o cross alpino de Cebreros como se anuncia en la página. Llegamos el sábado por la mañana al pueblo, (a una hora escasa desde Toledo) para aprovechar el día y disfrutar del fin de semana con unos buenos amigos, Mariano y Maribel, saludos por si me leéis. Como ya dije en una entrada anterior, vinimos sin los niños y aunque los echamos mucho de menos también nos merecemos un descansito, no?. Nos alojamos en el hotel Dracos, un hotel familiar, cuya decoración, anclada en los 80-90, era para cerrar los ojos y quedarse en la terraza aunque el tiempo tampoco invitaba a ello, pero bueno… compensaron el precio (50 euros), las vistas desde la habitación y el restaurante del hotel, con mucha variedad y unos platos impresionantemente grandes.

hotel dracos vistas desde la terraza

El domingo salimos del hotel a las 9:40, ¿para qué correr si ya habíamos recogido los dorsales el día antes y estábamos a 200 metros de la salida de la carrera?, cogí mi cámara y me puse a grabar. Los nervios, como siempre, los tienes ahí; la emoción, el ambiente, la espera del pistoletazo de salida que por fin se produce y empezamos a correr todos a mogollón como si de una salida del concurso Humor Amarillo se tratase, gritando “vamosssssss”, “vengaaaaaaa”. Con las primeras cuestas arriba la gente ya se calla un poco. Los primeros 6 kilómetros fueron bastante cómodos, hacia arriba que para eso es un trail pero aún podía correr, pero a partir de la primera cuesta empinada la cosa ya cambió, lo llamo cuesta para que nos entendamos porque fue a partir de ese momento cuando se puede decir que comenzamos a escalar. En estas subidas en muy pocos momentos pude ponerme a correr, y ¿qué decir de las bajadas? Eran peor ya que había llovido los días de atrás y los senderos por lo que pasábamos eran un barrizal. Los avituallamientos que nos íbamos encontrando eran la leche, agua del tiempo, ósea helada, bebidas isotónicas, gominolas y algo que yo me comía a puñados como si no hubiese mañana, carne de membrillo. Estos avituallamientos te daban la vida pero la siguiente cuesta te la volvía a quitar, he de aclarar que no estoy criticando el recorrido de este trail, solo hablo de lo duro que me resultó a mí personalmente ya que fue el primero y no iba preparado ya que como sabéis me encuentro entrenando para la Rock and Roll Maratón Madrid.

El entorno, una auténtica maravilla, pasamos por tramos en los que íbamos pisando nieve y fue fantástico ya que en Toledo lleva años sin nevar. Subimos y bajamos montaña hasta 5 veces, cruzamos tres arroyos, en dos de ellos caí de lleno con los dos pies y seguí corriendo con ellos mojados, por supuesto. La parte dura, o más bien la más dura, fue en las calderas de Castrejón, cerca de una impresionante cascada. Pasamos el río con una cuerda y nos dispusimos a subir la colina con un desnivel del 40%, en la que la organización también había colocado una cuerda de la que yo quedé suspendido al resbalar en el suelo, fue duro pero en esta parte, no sé si por el cansancio que ya llevaba o por lo absurdo de la situación, me dio por ponerme a reír y debido a eso menos podía avanzar pero bueno, al final subí y seguí el camino.

El penúltimo avituallamiento fue alucinante, nos pusieron, agua, bebidas isotónicas, gominolas, frutos secos, mi carnecita de membrillo y, agarraos, chorizo, morcilla y panceta, yo aluciné… Eso me dio fuerzas para unos cientos de metros más, pero la última subida pronto me devolvió a mi lugar, el del hombre realmente cansado. Subí y subí hasta llegar a unas vistas impresionantes desde donde se veía Cebreros a lo lejos, allí abajo diciéndome “aquí te espero, que la bajada también es cojonuda”.

Una última subida por piedras graníticas y llegamos a la zona de la antenas, la parte más alta de todo el recorrido y la que nos marcaba ya la continua bajada hasta la línea de meta. Cogí un puñado de carne de membrillo, dos vasos de agua y uno de isotónica y me dispuse a encarar los casi tres kilómetros de bajada que discurría por unos senderos llenos de rocas resbaladizas, en las que tuve que frenar un par de veces si no quería llegar a meta antes de tiempo pero rodando. Poco después, también de bajada, un trozo de campo a través con un 30% de desnivel que bajé de lado y me llevó a la parte baja y más llana del recorrido en el que apreté los diente por el dolor de tobillos y rodillas que llevaba y elevé el ritmo para entrar 700 metros después en línea de meta.

Las sensaciones, a toro pasado, son muy buenas, creo que si lo hubiese entrenado y supiese a qué me enfrentaba me habría salido mejor y no hubiera sufrido tanto en los últimos kilómetros. No sabía que un trail era así y no había entrenando para este que es bastante duro, lo que me llevó a pasar 03:20:32 de tiempo con el corazón latiendo alegre. Por otro lado las zapatillas que llevé no fueron las adecuadas, me puse unas antiguas con la suela ya desgastada y que ni nuevas son para correr un trail.

Lo dicho, esta entrada la he escrito un día después de la carrera, he querido dejar ese tiempo para ver las cosas desde fuera y más fríamente; si la hubiese escrito ayer os diría que no vuelvo a participar en un trail, pero ahora os digo que el esfuerzo ha merecido la pena, que me ha encantado ir por parajes tan bonitos como este de Cebreros y que si entreno especificamente para un trail disfrutaré más de lo que lo hice. Así que ahora puedo decir muy seguro de mis palabras que SÍ, VOLVERÉ A CORRER OTRO TRAIL.